Juega, ríe, bromea y baila.

Haz chistes, cosquillas, dedícate a robar sonrisas, ponle divertidas muecas a los niños. Haz el tonto, el idiota, pon música, sé feliz. No dejes que la vergüenza te robe más sonrisas, no pongas, sin querer, más barreras a la felicidad.

Pon música, déjate llevar, baila, o lo que sea que hacemos cuando estamos poseídos por el ritmo. Cántale a la fregona, cántale a la alegría y mueve el culo como te apetezca, como surja. ¡Qué más da! Lo importante es disfrutar, lo importante es fluir. Grita sin complejos esa canción que tanto te gusta como si no hubiese un mañana, sin que te importe el qué dirán, sin que te importe hacerlo bien, sin que te importe nada más que tu propia felicidad.

Intenta encestar en la papelera, échale una carrera a tu hijo, disfruta de unas cartas, de unos juegos de mesa o del deporte que te gusta, pero sobre todo hazte un favor y juega, juega todos los días, juega para divertirte, juega como un niño, y recuerda algo muy importante: hemos venido a jugar.

Haz el payaso con ese gran amigo mientras decís esas chorradas que sólo entendéis vosotros y que pueden terminar en inolvidables momentos de reír hasta que te duela la cara, de reír hasta que te duela la barriga. Róbale una sonrisa a ese entrañable niño, gasta buenas bromas, regala cosquillas con clase y ríete de todo lo que puedas. Ríete de tus defectos, ríete de tus virtudes, ríete de todo y de todos con la pequeña excepción de respetar a los amargados, eso sí, que no te quiten la ilusión. 

No olvides que la única diferencia entre un loco y un genio es el éxito, que la seriedad está sobrevalorada, que jugar, reír y bailar son las mejores cosas que te pueden pasar en la vida de todos los días, en la vida cotidiana, en la vida de verdad.

No pierdas ni un solo minuto con enfados tontos e innecesarios, con estúpidos convencionalismos porque la vida es demasiado seria para tomársela en serio, demasiado corta para cortarse demasiado, demasiado bonita para perderse bonitos momentos.

Juega, ríe, bromea y baila, dale a la alegría el protagonismo que se merece, crea esos pequeños grandes momentos que hacen que la vida merezca la pena y verás como los problemas son menos problemas, las penas son menos penas y lo más importante de todo, la vida será más vida.