¿A qué esperas?

La vida es demasiado seria para tomársela en serio. Ríe, baila, disfruta y fluye. ¿Responsabilidades? Por supuesto. ¿Preocupaciones? Las justas. ¿Humor? Siempre. ¿Crecer y mejorar? En cada oportunidad.

Hay que tener cuidado porque mucho ruido y poca esencia, y ante tanto humo es complicado apreciar la diferencia. Familia, amigos, comer bien y descansar. La guinda la pone el ejercicio, el resto, paja. Compra experiencias, no cosas, felicidad envenenada.

¿Y qué le aportas al mundo? Si no sumas, se complica la cosa. Trabajar, estudiar, un gratificante voluntariado, ayudar… Lo que sea, pero no te quedes sentado en el sofá esperando a que mamá, o un sucedáneo, te saque las castañas del fuego. Cuestiónate si eres un inútil por decisión propia, y si es así no te engañes más, hazte el favor. Espabila o busca ayuda, aporta, tu autoestima te lo agradecerá.

Sé pragmático, directo y resolutivo, toma las riendas, crea tu destino. Duerme, sueña y aprovecha la energía cuando aparezca para pegar un gran salto, vuela, siente, disfruta, y en cuanto pongas los pies en suelo, empieza construir un nuevo reto, un nuevo capítulo, un nuevo sueño. ¿Te da miedo? No olvides que valiente no es quien no tiene miedo, si no quien hace las cosas a pesar de el.

No olvides que valiente no es quien no tiene miedo, si no quien hace las cosas a pesar de el.

La vida se nos puede ir de las manos y hasta podemos aprender de esas amargas experiencias, pero recuerda que que si somos inteligentes, estratégicos y cocinamos una buena actitud, podemos coger las riendas, tú decides, ya no eres un niño.

No le des demasiadas vueltas a las cosas, actúa y déjate de historias, porque hoy estás y mañana no estás, así que no te rayes gratis. Y no te creas todo lo que digo, hay mucho charlatán por ahí suelto. Sé crítico y vive, la felicidad ya te la encontrarás por el camino, invítale a un café, regocíjate de su presencia y no olvides lo que has hecho para encontrarla.

Deja un comentario