Actitud antidepresiva

La vida no es fácil, hay momento difíciles, desagradables, jodidos… Eso viene en el pack, no hay elección y esa lección es de las primeras, de las que todo el mundo conoce aunque cueste acostumbrarse. La cuestión es… ¿Qué hago cuando la cosa se pone fea? ¿Me lamento, me culpo y me castigo? ¿Es sano lo que me digo? ¿Es sano cómo lo vivo?

La tristeza y sus secuaces nos ayudan a reflexionar, pensar, aprender e incluso llaman la atención de los que se preocupan por nosotros. Eso tiene muchas ventajas pero es fácil que sin darnos cuenta nos pasemos de rosca. Aquí es donde hay que hilar fino, estar atento y ser consciente del punto donde nos encontramos porque una vez las emociones han cumplido su función ya no las necesitamos.

Es por eso que me he propuesto deshacerme de maletas que solamente restan, tan pesadas como inútiles, que no ayudan, que una vez han hecho su trabajo se olvidan de donde está la puerta. Una molesta e incómoda mochila llena de preocupaciones irresolubles, reflexiones interminables y putadas disfrazadas de problemas, porque un problema sin solución, ya no es un problema.

 

Actitud antidepresiva

 

Prefiero subirme al tren de los retos, del aprendizaje y del crecimiento dejando tiradas cargas innecesarias para poder dirigir una locomotora que mira al frente con ilusión y optimismo. Una actitud que se trabaja todos lo días, con cada frase, con cada decisión, con cada paso.

Las dificultades, las complicaciones, las cosas que no son sencillas, se convierten en retos. Retos que me ponen a prueba, que me exigen lo mejor, que no dejan que me duerma ni permiten que me confíe. No olvidemos que los retos frustran, los retos estresan, los retos, por obvio que parezca, son retos. Día a día estoy aprendiendo a reciclar toda esa energía, aprendiendo a redirigir todos esos recursos en buscar soluciones, aprendiendo a centrarme en la acción, aprendiendo a coger impulso y hacer todo lo humanamente posible empujado por un trampolín de fe y de esperanza. Yo construyo mi actitud.

Caer ya no me coge por sorpresa, aprendí a caminar así y no pienso olvidarme. Aprendí que si me sale mal entonces es que no estoy lo suficientemente centrado. Aprendí que si estoy centrado y no me sale, es que no le dedico suficiente tiempo y esfuerzo. Y sobre todo aprendí que si le dedico todo el tiempo y esfuerzo que puedo, entonces, la excelencia y la admiración de todos me esperan a la vuelta de la esquina. Pero lo más importante que aprendí es la grandiosa satisfacción de haber hecho todo lo que puedo. Yo construyo mi actitud.

La actitud ante las cosas y no los hechos, es lo que realmente marca la diferencia. Mira a tu alrededor la gente que consigue lo que se propone, que vive la vida que quiere, que disfruta del camino y saborea el presente con todos los sentidos, con todos sus matices. No te hablo de personajes de ficción, te hablo de personas reales con putadas reales ¿Acaso no es su actitud lo que marca la diferencia? Actitud ante los problemas, ante las dificultades, ante los éxitos, y en definitiva, actitud ante la vida.

La vida reparte las cartas y tu actitud juega la partida.

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