Amar no se elige

Algunos hemos tenido la suerte de aprender el valor del esfuerzo. Ese esfuerzo que mezclado con interés e inquietud se convierte en la gasolina más eficiente que existe. Cuando algo te apasiona trabajas duro, te equivocas, reflexionas, buscas soluciones y ayuda. Te estrujas la cabeza con infinidad de estrategias, maneras y formas de conquistar esa ansiada meta. Y luego está el amor. Una de las partidas más importantes de tu vida que por mucho que joda, juega en otra liga. En el universo del amor, todo se vuelve, indiscutiblemente, más complicado.

En el universo del amor, todo se vuelve, indiscutiblemente, más complicado.

No hay una persona, una meta, un camino o una forma. Hay dos personas, dos corazones, dos cabezas; dos historias y dos momentos. Hay dos maneras de ver y entender el mundo, y un sinfín de posibilidades. Por si fuera poco, sentir, no es como elegir si te pones una una camiseta o una camisa, ya molaba. Los sentimientos y emociones, simplemente, suceden, y poco o nada podemos hacer para que no sea así. Amar, aunque muchas veces no te guste, tampoco se elige.

Quizás sea simplemente la suerte o el azar, una caprichosa reacción química tan compleja como interesante. Vete tú a saber… Lo que sí sé es que cuando el corazón habla la cabeza debería tener los oídos bien abiertos. Una lección que nos cuesta demasiados disgustos aprender y que a nuestra soberbia cabeza, tanto le molesta a reconocer.

A veces se gana y a veces se aprende, a veces se ama y a veces se odia, a veces te obsesionas y a veces simplemente pasas de todo… Un complicado jardín donde la locura campa a sus anchas porque la cordura poco tiene que decir. En este partido el corazón, gana por goleada, porque sentir, por mucho que lo intentes, no se elige.

En este partido el corazón, gana por goleada, porque sentir, por mucho que lo intentes, no se elige.

Cuando la ves no eliges que tu corazón de un salto, no eliges ponerte nervioso, no eliges sudar ni eliges poner esa ridícula cara de idiota. Tampoco eliges tenerla todo el día en la cabeza, ni ponerte triste si no te escribe, ni sentirte feliz si te toca con sus palabras. No eliges cargar con la mochila de la decepción si la cosa no fluye y quizás, lo único que puedas elegir, sea encontrar consuelo al compartir todo este berenjenal emocional con personas dispuestas a mimarte con sus oídos.

Si pudiésemos elegir a quién y cómo amar con la soltura que decidimos lo que nos vamos a poner mañana, todo el mundo querría tener a su pareja “ideal” y quizás, incluso, la vida fuese más sencilla. O quién sabe, a lo mejor todo sería tan aburrido que buscaríamos algo con más chicha, algo más excitante. Otra de las contradicciones con las que hay que aprender a convivir.

Yo me he propuesto seguir aprendiendo en este laberinto indescifrable y si algo me queda claro es que culpar a alguien por no querer, es tan absurdo como culparse a uno mismo por todo lo contrario.

No eliges sentir, pero sí eliges poder decir con la cabeza bien alta que has hecho todo lo que has podido, que has sido tú, que has dado lo mejor de ti, y sobre todo, que has sido fiel a tus principios, incluso y sobre todo, en los peores momentos. Ver a tu corazón hacer de ti un pandero, hay que vivirlo.

Ver a tu corazón hacer de ti un pandero, hay que vivirlo.

También eliges entender que las cosas no van a salir siempre como tu quieres, que solo eres un ser humano que siente, que vive y experimenta todo un abanico de emociones y sentimientos. Eliges tener fe en que pase lo que pase, tarde o temprano, sin lugar a dudas, todo volverá a ser como antes.

Llegará un dia que te des cuenta de lo maravilloso que es contemplar con orgullo las nuevas  páginas de tu diario, las blancas, las grises pero también las negras. Y estarás más preparado que nunca para seguir escribiendo con experiencias de todos los colores en una hoja que grita con ilusión: bienvenido al resto de tu vida.

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