La soledad elegida

Pocas cosas están tan claras en el mundo del bienestar psicológico como la importancia de estar en compañía, la amistad, charlar… Donde las penas son menos penas y las alegría más alegrías, pero esto no debería hacernos olvidar que la soledad elegida puede ser tan genial como necesaria.

Sentirse solo no es algo agradable. La desconexión emocional con el universo en general y otras personas en particular no suele ser plato de buen gusto, menos todavía si el desamparo hace acto de presencia. La seguridad y el amor del prójimo es una necesidad premium, de las básicas, y la evolución ha tomado buena cuenta de ello. Otra cosa es querer y disfrutar el estar solo.

En la vida suceden cosas de las que muchas veces toca aprender. Aprender con calma, sin ruido, contigo mismo y evitando el humo que nos impide centrarnos y pensar con claridad. Reflexiones que pueden estar aromatizadas con pena, nostalgia, desilusión o melancolía y que suelen terminar siendo un pilar básico de nuestro crecimiento. Admirable actitud la de esos elegidos que llegan a conseguir mimar, con calma y madurez, a la demonizada tristeza.

Admirable actitud la de esos elegidos que llegan a conseguir mimar, con calma y madurez, a la demonizada tristeza.

¿Hasta cuándo estar solo? Difícil responder sin antes haber hecho un doctorado en autoconocimiento. Cada uno debería ir aprendiendo hasta cuándo, y hasta dónde, con el permiso obligatorio que merece cualquier aprendiz en la carrera de la vida, pero siempre con la idea de que la soledad elegida y bien gestionada, es un gran aliado al que merece la pena entender bien.

No sólo puede ser el empujón pedagógico necesario para seguir creciendo si no también un mar de tranquilidad sólo para ti donde el cerebro puede estar en calma y respirar tranquilo. Un rato donde donde dejar fluir el presente se puede convertir en la mejor de las terapias por que no pasa nada fuera, nada tiene que pasar y por aburrido que parezca para algunos puede ser muy gratificante.

 

 

No todo tiene que ser intenso, rápido, fugaz, emocionante, productivo y estresante, pero eso no vende por que es gratis, por que te deja reflexionar, por que te hace menos dependiente y por que vivimos en la época de la inmediatez donde las redes sociales son más redes que sociales, más superficiales que emocionales, más pantallas que naturales y en demasiados casos, más tóxicas que saludables.

Aprender a estar solos es una gran lección que encontrarás en pocos libros y prácticamente en ningún anuncio, pero si eres capaz de abrir la lata y saborear, la satisfacción posterior hará el resto del trabajo y tendrás un aliado para encontrar tesoros tan importantes como la paz, la calma, el sosiego y la creatividad.