Homenaje a los valientes

El miedo nos envuelve en cada cambio, nos intenta convencer de que no cojamos otro rumbo, nos intenta persuadir de que no exploremos lo desconocido, de que no arriesguemos… Mejor malo conocido que bueno por conocer es una de las mentiras más repetidas en el país de los pasivos, cantos de sirena que nos empujan a ser reclusos de nuestros propios miedos.

Un amante del riesgo responsable entiende que no todo el mundo puede permitirse fallar. La familia o cualquier responsabilidad con nombre y apellidos nunca deberían estar encima de un tapete, dice el sentido común. El riesgo cimentado sobre la sensatez, la estrategia y el esfuerzo es música para mis oídos. Una música que suena a aprendizaje, a investigación, a descubrimiento, a ensuciarse las manos. Aventuras donde las habilidades se desarrollan en su hábitat natural, a velocidad de vértigo, donde el tiempo vuela y donde podemos saborear un delicioso menú a base de empoderamiento, autoestima, crecimiento, y sobre todo, de vida.

No se trata de hacer apología del riesgo gratuito sino de respeto a los que no tienen miedo a equivocarse, un homenaje a los que no ven atrás, un reconocimiento a los que demuestran con hechos que no importa que los demás piensen que están locos, porque todos sabemos que la auténtica locura es quedarse eternamente a esperar, contemplando la vida de forma impasible sin poder decir honestamente que has vivido en mayúsculas.

Las grandes vidas se escriben con tinta de aventura y con decisiones tan meditadas como arriesgadas a ojos del que espera impasible que nada cambie.

Qué fácil es reírse de los errores de los demás cuando te refugias en una capa de inseguridad, sentado cómodamente, rodeado de facilidades y confort con la esperanza de que nadie en tus mismas condiciones triunfe y te haga pensar que tu también podrías, te haga dudar de si tu pasividad te lleva a donde te gustaría… Clavo ardiendo al que se aferran demasiados cobardes que no saben o no quieren apreciar la valentía.

 

Un aplauso para todos aquellos que han decidido salir de su escondite para conocer sus límites, poner a prueba sus destrezas, hacerle una reválida a su capacidad de aprendizaje. Una actitud que huele a éxito pero no al éxito cosificado y disfrazado de cuenta corriente sino al éxito que te hace madurar, que te demuestra que el camino se hace andando, que es posible dejar atrás palabras y conseguir algo tan cotizado como pasar del dicho al hecho.

Rascar, rascar y rascar hasta encontrar el tesoro con la convicción de que errar es de sabios y de que esa sabiduría solo se alcanza con la experiencia. Hay que ser muy ingenuos para pensar que los grandes aprendizajes se adquieren leyendo un post, viendo una película o en una conferencia de youtube. Si aprendiéramos a base de consejos, no seríamos humanos.

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