Más que Navidad

La vida puede ponernos las cosas complicadas a través de piedras que molestan, que cansan, aburren y desesperan. Dificultades que nos impiden ver a la gente que queremos, observar nuestra esencia, dar salida a nuestro yo más generoso y agradecido, olvidándonos de sonreír, de regalar alegría, de tener ilusión.

Y entonces, otro año más, aterriza la Navidad. Un deslumbrante avión disfrazado de tradición que nos brinda la oportunidad de mostrar nuestra mejor cara, de sacar a relucir ese entrañable y generoso gordito vestido de rojo o de hacer magia sin corona llenando vidas de ilusión y color. Cabalgatas de sonrisas, lluvias de caramelos y toneladas de dulzura crean un mundo fantástico al más puro estilo de Tim Burton donde el mundo se pone a los pies de los más pequeños, es su momento, es especial.

Quizás haya quien se envenene pensando que es una ocasión para que la hipocresía muestre su lado más oportunista o que lo más coherente sería comportarse así todo el año y es posible que en algún caso sea cierto pero… ¿No es buena cualquier excusa para recordarnos que ayudar a quien más lo necesita es genial? ¿Acaso no es buena cualquier excusa para transformar las ganas de ver a un amigo en un café acompañado de un caluroso abrazo? ¿Acaso no es buena cualquier excusa para viajar y reunirte con los que siempre han estado ahí?

 

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No pienso dejar escapar la oportunidad de hacerle un guiño a las personas que me cargan las pilas, de poder disfrutar de la gran familia y volver a darme cuenta de que es muy fácil distraerse con proyectos apasionantes y dejar de lado lo verdaderamente importante.

Un respeto para los que la navidad tiene un sabor amargo. Con esas personas hay que hilar fino, comprender, apoyar, empatizar… Y si se prestan, robarles alguna sonrisa y poco a poco intentar contagiarlas de ilusión y alegría, pero de la de verdad, de la que sale del corazón e ilumina todo, aunque sea solo un instante.

Para los afortunados sin mochila os invito a poneros cómodos y degustar este efímero buffet libre de generosidad, buena actitud e ilusión, decorado alegremente de risas, luces, bromas y abrazos.

Creas o no en la tradición original de la Navidad, yo me quedo con lo verdaderamente importante: los valores. Creer en que una vez al año puedes levantar la copa y brindar por una de las pocas cosas que le dan sentido a la vida, y que es poder seguir rodeado de regalos disfrazados de personas.

Feliz Navidad

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