Nostalgia educativa

nostalgia

 

Sí amigos, a veces, uno se pone triste. Todos queremos vivir abrazados por las mal llamadas emociones positivas. Ser un tarzán de los buenos momentos volando de satisfacción en satisfacción con la más deslumbrante de las sonrisas. La vida idílica de los perversos anuncios nos ha comido el coco. Hay que levantar la manta y ver la realidad: en la vida, las emociones desagradables, son imprescindibles y hoy toca estar un poco triste.

Gracias a este fantástico lienzo catártico puedo hablaros de esas melancólicas caricias disfrazadas de pensamientos que te obligan, de vez en cuando,  a sacar el dedo acusador buscando errores que corregir, buscando mejorar y encontrar esa actualización que necesitas aunque el proceso de instalación no sea plato de buen gusto. Una sensación de añoranza, de echar algo en falta y reflexionar.

Reflexionar sobre lo que se ha sentido como una pérdida que nos guste o no, nos hacía sentirnos bien.

Eran tiempos cuando la tristeza llamaba a mi puerta y sigiloso miraba por la mirilla, con cierto miedo, el cual casi me obligaba a disimular, a no hacer ruido para engañarla y que pensase que no había nadie en casa. No quería dejarla entrar, no quería escucharla. Ahora he decidido abrirle la puerta cuando llama, invitarla a pasar, a que se ponga cómoda y a escuchar atentamente que me quiere contar. Hablamos de lo que no ha ido bien, de lo que puede ir mejor, de donde podemos sacar aprendizajes para almacenarnos cuidadosamente en nuestra memoria, con mucha calma, con mucho mimo. Un cajón sin llave que guarda información de incalculable valor, guarda sabiduría.

Puede que cuando aparezca la tristeza o cualquier otra casualidad emocional terminemos echando una lagrimita pero esa peli ya la vi, ya la viví, y ya no le tengo miedo a llorar. Cosas tan sencillas y aparentemente banales cómo abrir nuestro corazón a la palabra empuja sutilmente a nuestra buena amiga a volver a su casa no sin antes darle un sentido abrazo, cuando alguien nos ayuda debemos ser agradecidos.

Nos volveremos a ver porque siempre ha estado ahí y se que me hace crecer, ser mejor persona y por paradójico que parezca hay quien hasta la llega a echar de menos. Hay gente para todo, y eso es genial.

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