Me lo pido…

Este año no le voy a pedir nada a nadie. He pensado que si quiero algo realmente importante, si quiero hilar fino y acertar, no voy depender de los demás. Me he propuesto ser el protagonista de mi vida y en mi carta, remitente y destinatario, somos la misma persona.

Me pido pensar menos y sentir más. Disfrutar más el presente, regocijarme mientras saboreo una buena conversación, mientras veo una puesta de sol, leo un libro, lloro con una película o me emociono con una canción. Me propongo degustar los pequeños detalles, las pequeñas perlas, los buenos momentos que la vida nos regala todos los días y que demasiadas veces pasan desapercibidos.

Me pido reconciliarme con mis emociones más desagradables, con mis momentos de tristeza, con mis miedos y mis angustias. Voy a darle la mano a mis peores sentimientos, mirarlos a los ojos y decirles, sinceramente, que los acepto, que ya me harté de pelear con ellos, que ya me harté de intentar echarlos de mi vida como el inocente perro que que corre detrás de su propio rabo. Ahora los comprendo mejor y por eso les he preparado un rinconcito para que se sienten tranquilamente y hagan su trabajo lo mejor que puedan. Eso si, que no se pongan demasiado cómodos, porque sólo están de paso.

Me pido un poco más de madurez. Sería genial que los próximos errores que cometa solo me hagan daño a mí. Poder caerme, levantarme y no sentirme demasiado avergonzado porque a ver si de una vez no se me olvida que a veces se gana y a veces se pierde. Y más aún, si eres valiente.

Me pido seguir rodeado de amigos que cuando me lo merezca me digan que soy un gilipollas, que no me digan siempre lo que quiero escuchar, si no lo que debo reflexionar, que si es necesario me den una bofetada para que espabile y terminen abrazándome con sus palabras. Demostrando que los amigos te hieren con verdades para que los enemigos no puedan destruirte con mentiras.

Me pido un saco de optimismo, ilusión y proyectos nuevos. Lleno de nuevas experiencias y nuevas personas, sin olvidar que los que tiran del carro son los que siempre están ahí, los que siempre cumplen, los que nunca fallan.

Me pido la claridad mental para mantener la fe cuando la autocrítica toma el mando. Pienso reírme de mis defectos, de mis errores y miserias, y me encantaría poder llegar a disfrutar la melancolía del que ve pasar los árboles a través de la ventana, del que decide madurar y consigue aprender a mimar a la tristeza.

Y por último me pido no olvidarme de que la vida es maravillosa si sabes entenderla, si sabes bailar con ella, si sabes llevar su ritmo y si no te sabes el siguiente paso y te equivocas… Te ríes, aprendes, y lo vuelves a intentar.

Feliz Año.