Resurgir una y mil veces

Bailar en la vida no es sencillo, encuentras piedras, sorpresas, complicaciones, decepciones… Suenan canciones desagradables a pesar de que la música es un arte. Mala suerte, pensamos algunos, ya que a veces poco o nada depende de nosotros. Para atravesar arenas movedizas difícilmente se está preparado. Lo normal es atraparse, luchar, pelear, cansarse… En definitiva, pasarlo mal.

La oscuridad es más angustiante por larga que por intensa, y es ahí donde el optimismo y la fé marcan la diferencia. Su ausencia se nota, su presencia se siente, son momentos, hay que pasarlos. No hay trucos, no hay magia, es lo que hay, punto.

Ser resiliente no es tener fuerza para seguir adelante sino seguir adelante, aunque no tengas fuerzas

Ser resiliente no es tener fuerza para seguir adelante sino seguir adelante, aunque no tengas fuerzas. Afortunadamente alguna que otra cana nos recuerda que siempre, absolutamente siempre, volveremos a ser nosotros, volveremos a vivir aventuras, volveremos a sonreír, y lo más importante, volveremos a vivir en paz, una emoción olvidada.

Por suerte, en medio de la tormenta podemos encontrar cobijo, es lo que se conoce como familia: la que toca y la elegida. Gente que suma, personas que llenan, experiencias que cargan pilas o por lo menos, no restan. Hay momentos en la vida que es importante ser selectivos porque esas personas especiales pueden darnos el aire que nos falta, la manta que nos cubre, el abrazo que nos consuela o el corazón que nos escucha. La sombra del pesimismo pesa, pero la ayuda alivia.

Muchas veces se trata de algo tan sencillo de entender cómo complicado de conseguir: aguantar el chaparrón. Paciencia con uno mismo, serenidad y silencio mental serán necesarios para vencer, con estrategia y esfuerzo, a nuestros propios demonios y así resurgir, otra de tantas, de algo tan humano como normal, tan necesario como desagradable, y que no es otra cosa que el sufrimiento.

Aprender a estar solo, aprender a entender a la soledad, aprender a no depender: aprender a aprender mientras llueve y hace frío

Aprender a estar solo, aprender a entender a la soledad, aprender a no depender: aprender a aprender mientras llueve y hace frío. Adaptarse a situaciones nuevas tiene un coste y a veces, puede salir caro. En este duro viaje no pueden faltar la calma, la serenidad y la paciencia para encajar esas lecciones tan dolorosas como necesarias. No es la primera, no será la última, madurez lo llaman algunos.

¿Y qué hago con el sufrimiento? Lo acepto, lo abrazo y finalmente, lo despido, porque tarde o temprano se va a marchar. Somos más fuertes que él, no te olvides. Fácil, por supuesto que no, imposible, tampoco. Paciencia, confianza, respiramos… Y a vivir. Sobran los motivos aunque a veces falten las ganas.

 

6 respuestas a “Resurgir una y mil veces”

  1. Ser resilente también es “disimular” o “aparentar” que todo está bien? Porque veces la vida te pone al límite, te pone a prueba, te exige sabiendo que siempre alguien sale perjudicado. Hay daños colaterales…. Si hay que sufrir una temporada se sufre, pero, ¿y luego? ¿Realmente hay luz al final del túnel? Yo no lo sé.

    1. Disimular puede ser peligroso, tiene un coste, hay que llevarlo… Si no ves luz durante mucho tiempo te recomiendo que busques ayuda profesional. Las dificultades se pueden convertir en problemas, y los problemas en problemas graves. Mucho ánimo y gracias por tu comentario.

  2. Nos pasamos la vida reestructurando pensamientos, afectos, emociones… Aprendiendo a disfrutar de estar saludable, aceptando lo que no podemos cambiar.
    Me encanta tu post Daniel, como siempre he disfrutado leyéndote.
    Un abrazo

    1. Muchas gracias Puri. En efecto, vivir, avanzar, aceptqr, crecer… Un abrazo.

  3. He seguido tú consejo de aceptar lo q nos pasa desde hace casi 3 años…pero creo q he abrazado al sufrimiento tan fuerte que está agusto aquí conmigo 😦
    Probaré al técnica de soltarlo un poco,a ver si decide marcharse de una vez.
    Un saludo Dani.

    1. Todo mi apoyo Naza, lo tuyo si que es una auténtica prueba de fé. Mucho ánimo, mucha fuerza.

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