Tengo derecho a enfadarme

Tengo derecho a enfadarme, a gritar, a ser desagradable y porque no, a mirar mal a quien me dé la gana. Tengo derecho a decir tacos, a no querer hablar y a despreciar a quien quiera. Igual hasta me caliento de más y pienso que tengo derecho a mandar a quien me apetezca a la mierda! Nadie puede quitarme mi derecho a responder de forma emocional porque soy humano. Y si no te gusta, te aguantas.

Después de un rato, un paseo, respirar, pensar… Estoy más calmado. Empiezo a darme cuenta de varias cosas que la verdad, en caliente, no había pensado.

En la vida no solo tenemos derechos sino también obligaciones. Aunque me… Moleste. Hay que ser muy ingenuo o descarado para pensar que nos podemos quedar solo con lo bueno, que podemos hacer y deshacer sin que el resto de los que conviven con nosotros tenga nada que decir. Hay que tener poca educación (emocional, o la de toda la vida) para pensar que podemos entrar como un elefante en una cacharrería y quedarnos tan tranquilos.

Toca asumir las consecuencias de mi enfado, debo ser responsable. Debo saber si he violado los derechos de otros, si he atentado contra la libertad de otra persona, porque cuando estás muy enfadado piensas poco, o nada…. Debo saber si no he respetado el derecho de otra persona a la tranquilidad, a la dignidad o a ser tratado con educación. Debo saber si he podido herir a alguien que no pretendía ofenderme. Debo asumir las consecuencias de dejarme secuestrar por la ira.

Cada emoción tiene consecuencias pero las de la ira son especialmente evidentes. Con la violencia como maestro de ceremonias, a la ira no le gusta pensar, ni recapacitar, ni ser dialogante, ni ceder. A la ira solo le gusta destruir, romper y destrozar. La ira defiende sus derechos pero lo hace a puñetazos, patadas, gritos, mordiscos y arañazos. La ira no sabe de empatía, de compasión, no sabe de perdón. La ira solo ataca y quiere hacer daño. Y no intentes que reconozca nada de esto, porque la ira casi nunca tiene la culpa de nada.

Una vez un dijo un sabio que odiar a alguien es como pretender matarlo envenenandose a uno mismo y yo pienso que lo dijo porque la ira es un veneno que si te acompaña mucho tiempo, hace estragos.

No cabe duda de que sin la ira no se habrían forjado las grandes batallas ya que el enfado elevado a la máxima potencia proporciona una fuerza y valentía fuera de lo común. Como si de una poción mágica se tratase, la ira nos da una concentración sobresaliente y nos permite soportar heridas de muerte sin que el dolor tenga nada que objetar.

Todos tenemos derecho a enfadarnos y el deber de responsabilizarnos de las consecuencias

En esta sociedad rara vez vamos a necesitar tanta fuerza, tanta valentía o no sentir dolor. Saber controlar nuestra ira puede ahorrarnos muchos disgustos, mucha culpa y remordimiento, mucho sufrimiento… Ahora te toca saber si pecas por exceso o por defecto, si eres violento, sumiso, ambos o ninguno y a partir de ahí podrás enfadarte “mejor”.

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